viernes, 6 de junio de 2014

Lima Lama de regreso...

Estoy mirando una medalla, esa que me costó tanto y a la vez fue tan sencillo lograr. Es interesante que haya objetos que te remonten a tanto, aunque por sí mismo no parecieran valerlo. ¿cómo llego a mi vida ese objeto?

Nunca fui afecta a hacer deporte, a pesar de haber tenido sobrepeso desde niña, quizá por eso me costaba más acercarme a eso. Sin embargo, el deseo de crear un lazo más fuerte con alguien, un primo muy querido, me llevo a pensar en iniciarme en una disciplina deportiva.
No recuerdo la fecha exacta, sólo sé que cursaba la licenciatura y buscábamos una opción para pasar tiempo juntos y hacer algo de deporte. Llegamos a un lugar, que yo recordaba más bien por tener una cocina económica entre los comercios que albergaba. En el último piso una escuela que decía enseñar Kick boxing y Lima Lama, lo que nos explicaron era una variante de artes marciales de defensa personal provenientes de las islas polinesias y desarrollada en México, entre otros países.

La primer clase la sobreviví, casi literal, por orgullo, por no sentirme como alguien que había desistido en su primer intento y para demostrarles a los que me veían con incredulidad que podía hacer lo que ellos ya lograban con gran facilidad.

Detrás de mis deseos por sentirme "al nivel" en el entrenamiento, fui descubriendo que disfrutaba todo eso, y, en algún punto del sufrimiento, tome la decisión de tomar en serio esa práctica.
Nunca me importó el bajar de peso, curiosamente eso se volvió algo totalmente secundario. Me gustaba sentir la disciplina, aprender sobre movimientos para defensa personal, arriesgarme a cada momento para lograr cosas que antes creí imposibles para mi. Todo se volvió un reto personal que a cada paso me hacía sentir una satisfacción indescriptible. Lo más irónico fue que mi primo y yo terminamos practicando en diferentes horarios por la escuela, pero eso no importó, ese ya era mi espacio.

Pronto estuve todos los días en la escuela, y de ser alguien totalmente ajeno, me volví la hermanita menor de todos aquellos tipos "rudos" de grados avanzados.

No es un deporte muy socorrido por mujeres y, para mis compañeros, el que una mujer aguantara los entrenamientos todos los días era gracia aparte.

Esta disciplina, como otras en artes marciales, se distingue por reconocer tu avance en conocimientos y técnicas con exámenes y se simboliza por una cinta.





Tras dos meses hice mi primer exámen y pasé de se cinta blanca a naranja. Luego logré pasar de naranja a morada y de ahí a azul. Fue entonces cuando se anunció el torneo en Zacatecas. Ahí todos mostraban sus conocimientos, peleando contra otras escuelas o simplemente presentando de forma más estética los golpes aprendidos (en lo que se conoce como formas).

Cualquiera podía ir, si así lo quería, y a pesar de ello termine siendo la única alumna de mi escuela que asistió. Nunca me sentí responsable por ser "la representante", porque siempre pensé que iba en mi plano personal, por la experiencia, por los golpes, por las risas, por lo que se acumulara en el camino.

No llevaba guantes, no llevaba nada de equipo, pero tenía todas las ganas por ser parte de eso eventos entre cientos de personas.

Sólo participé en una pelea, en la cual, para mi suerte, eramos sólo DOS las competidoras. Peleamos por puntos, es decir, quien lograra el primer golpe contra el contrincante se llevaba la puntuación a favor.

Con mi inexperiencia en todo tipo de combates logré ganar el primer punto, que al final fue el del honor porque irremediablemente perdí el combate. Sin embargo, al haber sólo dos competidoras en esa categoría me dieron la medalla de segundo lugar...

Regresé a Guadalajara con la satisfacción de haberme atrevido, de haber sido golpeada, de haber ganado un segundo lugar porque no había nadie más a quien dárselo, pero aún así sentía que lo merecía, ¿por qué?, no por haber peleado muy bien, sino porque era el reflejo de meses de trabajo, de haberme superado a mí misma y haberme construido parte de una confianza que no tenía.

Esta medalla me recuerda lo importante que es esforzarme en la vida, la disciplina que debe estar presente para cada logro, las alegrías al tener buenos amigos que te apoyan en el duro camino y el respeto para tus profesores que buscan transmitirte lo mejor de ellos para que puedas crecer.







Estos han sido algunos de mis profesores.







Al escribir esto estoy llegando de mi entrenamiento, el que deje hace meses y hoy decidí retomar. Quiero seguir recordando en mi vida lo que represente el color negro del uniforme "Ceguera al dolor". No sólo el dolor físico, sino el cansancio de la vida diaria, el dolor de las decepciones, todo aquel que nos hace decaer en alguno momentos. Hoy quiero seguir la disciplina que me enseño que "Mas vale rehuir que herir, más vale herir que matar, más vale matar que morir", porque siempre hay opciones, porque vivimos en sociedad, y porque esta socióloga siempre creerá en la búsqueda de la armonía social.





5 comentarios:

Araceli Guevara dijo...

Interesante disciplina, honor a quien lo descubre como tu lo expresas muchos solamente por q mis amigos van o por q esta chido el cotorreo, pero lo q te deja como persona es mayor... todo deporte te enseña responsabilidad, disciplina, constancia, etc. No es sencillo pero con dedicación y amor se pueden lograr cosas q nunca imaginamos, gracias por compartir tu experiencia! !

Ana Cynthia González dijo...

Vaya que esta entrada nos aporta mucho sobre tu identidad. Gracias por compartirlo con nosotros. Me gusto mucho tu relato y te felicito por haber regresado a tus entrenamientos y por esa medalla del honor!

Rocío Ortega López dijo...

Es cierto lo que dices, a veces las medallas, diplomas o reconocimientos no dicen nada si no hay una verdadera experiencia de crecimiento detrás. Muchas gracias :)

Liliana dijo...

Pues como dice Cynthia, esta y otras entradas me van hablando de ti. Vas tomando tus espacios y el blog es uno de ellos. Enfrentar retos, sentir la disciplina, leer críticamente y reaccionar ante la dolorosa realidad que nos afecta, colocar tu pensar.
Sigo leyéndote. Gracias Chica Verde = )

eneydas.woedpress dijo...

¡Hola chica de verde! gracias por compartir-te, me dio gustó leer como expresas lo que es el necesario para cualquier verdadero aprendizaje: disciplina, reto, hacer tuyo el asunto, fruición. De verdad muchas gracias.